Sobre Mí

Sobre Helena Lázaro

Gabinete de comunicación en la Manchuela. Envío de notas de prensa, redacción de noticias y reportajes, convocatorias de medios, organización y presentación de eventos, edición de vídeos, mantenimiento de redes sociales.

 

 

Como todos los jóvenes que terminan el bachillerato y realizan la prueba de acceso a la universidad, medité durante mucho tiempo qué carrera quería estudiar. Me debatía entre dos opciones: trabajo social y periodismo. La primera era por vocación y la segunda por devoción. Siempre me ha gustado ayudar a las personas y, de hecho, colaboro con varias asociaciones sociales. Pero, después de realizar varios trabajos y entender que todos los hechos de la vida tienen diversas versiones, me decanté por estudiar periodismo en un afán de ir más allá y conocer el punto de vista que no solía salir en los medios de comunicación. Me aficioné a leer prensa alternativa y supe que eso era a lo que quería dedicar mi vida.

 

Tras un tiempo dando tumbos por diferentes medios, terminé trabajando (y estudiando) como auxiliar en la Asociación de Alzheimer de la Manchuela Conquense, donde pasé cuatro años. Sin embargo, cuando la frontera de los treinta se aproximaba, decidí dar un cambio a mi vida. El día que cumplí los 19 años me prometí a mí misma que, a los 30, tenía que estar enfocada a lo que realmente quería hacer. Así fue como dejé mi trabajo en la asociación y empecé a montar un sueño.

 

 

Así, en verano de 2017, nació Helena Lázaro Comunicación.

 

A nivel personal…

Me encantan los animales y me encanta viajar. Creo que es uno de los mayores placeres de la vida. No viajo con la frecuencia con la que me gustaría pero siempre que puedo intento escaparme. Me gusta conocer nuevos lugares aunque, por supuesto, hay sitios de los que te quedas prendado y siempre vuelves. Peñíscola es uno de esos sitios para mí y, como no, Alcalá del Júcar. Sin dudar de que a mí me encanta mi pueblo, Iniesta, que se encuentra ubicado en un enclave natural como es el Valle del Cabriel, que pronto puede convertirse en Reserva de la Biosfera. Además, tenemos en el museo un mosaico de la Diosa Artarté (sólo se conservan tres en el mundo), y nuestra cooperativa de vino ha recibido el Golden League 2016 que la reconoce como Mejor Bodega Internacional en ese año. Todo un orgullo. En cultura también destacamos por nuestro Certamen Literario ‘Villa de Iniesta’, uno de los más prestigiosos a nivel nacional pero que nos sitúa a nivel internacional ya que cada año se reciben numerosos trabajos de distintos continentes. Podría seguir hablando de Iniesta por innumerables motivos, pero si lo hago me dicen que creo que la vida nació en Iniesta y prefiero dejar que sean los visitantes quienes descubran sus encantos.

Recuerdo con especial cariño algunos viajes que he hecho con mi pareja o con mis amigas por el norte y sur de España. Asturias y Cantabria son un paraíso natural y el sur tiene un encanto especial, tópico pero cierto. En 2015 mi pareja y yo pasamos un mes recorriendo Italia, país al que siempre quisimos ir. Allí hice realidad uno de mis sueños, conocer Pompeya. Impresionante. También visitamos Milán, Treviso, Venecia, Roma, Nápoles, Pozuuoli y Florencia, preciosa ciudad a la que ya estamos planeando volver. Este verano veré el sur de Italia, Calabria, con mi hermana.

Pero, sin duda, la mayor anécdota que me ha ocurrido en un viaje fue la segunda vez que fui a Inglaterra. La primera vez pasé el verano de 2007 en Londres con una beca de estudios. Una experiencia muy enriquecedora que me permitió conocer a grandes personas con las que aún mantengo contacto. La segunda vez fui en 2010 con mis amigas a visitar a otro amigo que se encontraba de Erasmus en Nottingham. Queríamos pasar cuatro días allí, dos de los cuales estaríamos en Leeds visitando a un grupo de amigos que vivieron con nosotros el año anterior durante su Erasmus en Valencia. Yendo hacia allá, en el avión, íbamos pensando que habíamos cogido pocos días. Bromeábamos con que podría haber una huelga de controladores que nos hiciera quedarnos allí dos o tres días más. La noche siguiente a nuestra llegada, estábamos todos tomando una pinta cuando salió la noticia de que un volcán en Islandia había estallado y, a causa del humo, los aeropuertos permanecerían cerrados dos días. A sabiendas de las molestias que eso causaba, nosotras nos alegramos por poder pasar más días con nuestros amigos.

Sin embargo, cuando pasaron esos días, el humo continuaba sin dejar volar a los aviones y debíamos esperar otro par de días. Pasado ese tiempo nuestra compañía aérea se puso en contacto con nosotras porque el Gobierno de Inglaterra había prohibido volar hasta nueva orden y eso no se sabía cuándo sería. Nos aconsejaron buscar otro medio para volver a España. Así lo hicimos pero no quedaba un hueco libre ni en bus ni en tren durante el próximo mes y medio. Y el barco salía excesivamente caro. Nos enteramos que varios países de Europa estaban poniendo autobuses para llevar de vuelta a casa a sus ciudadanos. No fue el caso de España ni Portugal. Llamamos a la embajada y al consulado pero todo lo que hicieron fue anotar nuestros nombres por si acaso decidían poner algún medio. Casi dos semanas después nos llamaron porque el gobierno español, definitivamente, viendo que la situación se alargaba, puso un autobús para la mañana siguiente de Londres a Madrid, con parada en París. Serían unas 35 horas de viaje pero como teníamos que volver a nuestras obligaciones estábamos encantadas con la noticia. Ahora sólo teníamos que ver la forma de llegar a Londres puesto que estábamos a cuatro horas de viaje y ya era de noche.

Media hora después nos llamó nuestra compañía, al día siguiente se podría volar. El vuelo salía a las 9.00 de la mañana. Llegamos pronto al aeropuerto, de hecho fuimos a mitad de noche y, finalmente, pudimos coger el avión (aunque con retraso). Pero la odisea no acaba aquí. Llegamos a Valencia a la 13.00 de un soleado viernes. Desde la capital del Turia hasta Iniesta hay hora y media de viaje. Llegamos a nuestro pueblo pasadas las doce de la noche. Pero esto ya es otra historia.

Lo bueno de nuestro viaje a Notts es que pudimos conocer más a fondo la ciudad y alrededores. Conocimos sus edificaciones, parques, museos, bares y restaurantes, supermercados, tiendas (tuvimos que comprar algo de ropa puesto que nos llevamos lo justo para cuatro días y pasamos allí dos semanas), e incluso conocimos gente que ya nos saludaba como a unas más del barrio. Nuestros desayunos en el Yates fueron lo mejor del viaje. Junto con las risas. Gracias por eso amigos.